LECTURAS: Is.35,1-10; pS.145; Sant.5,7-10; Mt.11,2-11  

Este tercer domingo de adviento, esto es, ya muy próximos a la navidad o rememoración del nacimiento de Cristo, la liturgia de hoy nos habla de la santa alegría que como Cristianos debemos tener por estos días, pues con el advenimiento de Jesús se cumplen las profecías que desde el antiguo testamento ya nos prometían que Dios-Padre en su infinita misericordia nos enviaría un liberador de nuestros pecados y de nuestra miseria espiritual ante El, para así precisamente recuperar el paraíso perdido por los primeros padres de humanidad.

Rvdo. Silvio Gil Restrepo

Por ello el apóstol Pablo dice que no tengamos miedo, sino que, por el contrario, la alegría debe embargar nuestro corazón, porque Cristo, el esperado de las naciones está por llegar, y de hecho ya llegó a la historia de la humanidad, pero que como buenos cristianos sea el Señor que oriente y le dé un sentido final a nuestras vidas. Ese es el sentido de la palabra gaudete (latin) y significa que como cristianos debemos estar muy contentos y agradecidos con Dios-Padre que se compadeció de la desgracia espiritual de la humanidad, que por la desobediencia de los primeros padres perdió el paraíso, pero con la llegada de su Hijo Jesús a este mundo, nos recupera para El. Alegrémonos pues en el Señor que viene, y hasta cantemos los hermosos villancicos que pregonan dicha alegría: «ven Señor Jesús, ven, no tardes tanto». ¡Amén!