Las reacciones cuando se vive un momento de ira, son tan variadas como los temperamentos humanos. Me sorprende ver la cotidianidad, y no puedo evitar recordar una historia que leí hace tiempo en una revista.

Un camionero, agotado y hambriento, se detuvo en un restaurante al borde de la carretera. Pidió una hamburguesa, un café y un trozo de pastel. Justo cuando se disponía a comer, irrumpieron tres hombres de aspecto rudo, vestidos de cuero y montados en motocicletas de alto cilindraje. Sin mediar palabra, el primero le arrebató la hamburguesa y se la comió; el segundo bebió su café de un solo sorbo, y el tercero devoró el pastel.

El camionero, manteniendo una calma imperturbable, se levantó, pagó la cuenta y salió del local. Uno de los motociclistas, con una sonrisa burlona, le comentó a la mesera: —“Como hombre, deja mucho que desear, ¿verdad?” A lo que la joven respondió con naturalidad: —“Y como conductor también. Acaba de aplastar tres motocicletas con su camión allá afuera”.

Veo a diario personas que poseen la respuesta oportuna para cualquier ofensa. Saben exactamente qué decir en el momento preciso; son rápidos, mordaces y dueños de un sarcasmo que deja a sus agresores en un silencio absoluto.

Yo, lo confieso, soy de proceso lento. Siempre que alguien me agrede verbalmente, el análisis llega tarde. Horas después me pregunto: ¿por qué no contesté? ¿por qué no dije esto? ¿Por qué no reaccioné así?. En el instante del conflicto me quedo congelada, como en las viñetas de Condorito: “plop”.

Esta falta de reacción inmediate quizás no sea del todo mala. en la serie “Grey’s Anatomy” que la protagonista le da un consejo invaluable a su hija cuando la ve alterada: no dirijas tu rabia contra los demás, porque guardar rencor es como beber veneno y esperar que la otra persona muera.

Sin embargo, la realidad actual parece alejarse de la filosofía y acercarse al plomo. Hubo una época en que los taxistas llevaban un machete o “peinilla” bajo el asiento para defenderse. Hoy la escena ha cambiado: la proliferación de la delincuencia ha llevado que tanto transportadores como particulares opten por armas de fuego. Hemos pasado de la respuesta ingeniosa o el desquite material a un escenario de violencia latente donde cualquiera parece estar listo a apretar el gatillo.