No alcanzo a comprender el afán actual de tantas jóvenes —sean modelos o no— de posar ante las cámaras haciendo ese particular movimiento con los labios en forma de pico. A esta juventud la llaman la «Generación Z», y a ese gesto tan repetido lo han bautizado popularmente como la boca de pato. Aparentemente, el propósito es que los labios luzcan más carnosos en las fotografías, bajo la firme creencia de que ese aspecto las hace ver más atractivas.
Personalmente, me parece que este tipo de muecas desmejora el rostro. Lejos de favorecer, arruga las facciones y transmite una mezcla de inmadurez e imitación de gestos infantiles que en un adulto resultan desencajados.
Este fenómeno visual va de la mano con el esfuerzo desmedido por aumentar el tamaño de los labios a través de procedimientos estéticos, algo que siempre me ha parecido antiestético. La imagen final que proyectan dista mucho de ser atractiva. De hecho, son muchas las mujeres que, tras someterse a estos cambios, se sienten tan incómodas que intentan dar marcha atrás y retirar los productos implantados, encontrándose a veces con que el remedio es peor que la enfermedad.
El medio del espectáculo es un claro reflejo de esto. He visto a numerosas actrices que, en su afán por mantenerse vigentes o ser tomadas en cuenta para un papel importante, no dudan en someterse a constantes intervenciones. Desgraciadamente, los resultados posteriores terminan dañando rostros que ya eran naturalmente agradables. En las redes sociales abundan las fotografías del «antes y después» que, francamente, provocan lástima.
Un caso que siempre me impactó por su evolución a través de los años fue el de la duquesa de Alba. Según se ha documentado, fue tal la cantidad de procedimientos estéticos a los que se sometió que, en sus años dorados, su fisonomía terminó transformándose profundamente, convirtiéndose en el vivo ejemplo de cómo la búsqueda obsesiva de la eterna juventud puede terminar desdibujando la propia identidad.
Con frecuencia se culpa al bótox de esos labios deformados o excesivos, pero en realidad el bótox solo paraliza el músculo (se usa para las arrugas de la frente o el entrecejo). Lo que se inyecta en los labios para dar volumen son rellenos (como el ácido hialurónico o, en el pasado, sustancias peligrosas como los biopolímeros).
Cuando se abusa de los rellenos en los labios, se pierde la anatomía natural y se genera la llamada «boca de pato» permanente, incluso sin estar posando. Al igual que la duquesa de Alba, el intento de retirar estos productos (especialmente si no eran reabsorbibles) suele requerir cirugías complejas que dejan cicatrices internas, empeorando el aspecto del rostro.
La pose de la boca de pato y los filtros de las redes sociales buscan imitar rasgos neoténicos (facciones de bebé: ojos muy grandes, nariz pequeña y labios prominentes), lo que genera una desconexión estética y psicológica extraña cuando se ve en personas adultas.
De verdad, creo que tantas niñas bonitas podían pensarlo mejor antes de seguir esta moda.
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