Hablo hoy del chisme porque es algo muy común en las redes sociales, hablar sin fundamento, juzgar sin pruebas, adjudicar conductas por simple deducción. Es una narración que se comparte, que puede ser parcialmente cierta o totalmente falsa.

Bien es sabido que un relato va cambiando según quien lo haga, creo que en alguna ocasión comenté una experiencia personal, pero no por ser una repetición deja de ser una citación que cae como anillo al dedo con este tema.

Cuando empecé a trabajar en el Poder Judicial, nadie me conocía ya que regresaba de Europa, después de haber vivido 14 años fuera del País. Tuve la suerte de ser contratada en un Juzgado de esta ciudad y es un hecho real que tenía o tengo un hijo español de padre español. Pues, resulta que un día después de un puente festivo, llegué al Juzgado con un ojo golpeado. La razón de esto fue muy sencilla, al llegar a mi casa en la entrada había un escalón en el cuál resbalé yendo mi cabeza directamente contra el muro de la entrada, mi madre aplicó todos sus conocimientos médicos, logrando evitar la hinchazón, pero quedando la obvia marca en el rostro.

Mis compañeros de oficina tuvieron conocimiento de lo ocurrido y no faltaron las bromas, las cuales trascendieron a otras personas fuera de ese recinto.

Saliendo de la oficina, ese mismo día, mi hermano me recogería en la entrada, esperé sentada discretamente en la portería del edificio, en aquel entonces, edificio San Luis, cuando una empleada se detuvo en la puerta del mismo lugar y comentó a quien la acompañaba si había visto el ojo morado que tenía “la nueva” del Juzgado tal. Comentándole que el padre de mi hijo, había viajado desde España, furioso porque me había traído el niño y me había golpeado. Yo quedé estupefacta, tanto que no pude evitar mi expresión de asombro al decir: “¿De verdad? “Eso fue lo que me pasó?” Todavía al día de hoy, me parece ver sus rostros de sorpresa y afán por salir corriendo del edificio.

Nunca pude entender cómo un golpe en un ojo pudo desarrollar una historia tan perversa y pregonarla como que fuera verdad.

El chisme no sigue ninguna regla, así que a falta de conocimiento llenan los espacios con comentarios y situaciones que les ayude a reforzar su historia.

La curiosidad estimula a los amantes del chisme, es así como las revistas sobre artistas y sus infidelidades son caldo de cultivo para estos. Enfermedades de los artistas, conflictos en sus hogares, y hasta criticas por su modo de vestir llevan a muchos “chismosos” a comprar cuanta revista sale al aire, aún a sabiendas de que la mayoría de la información allí plasmada es falsa.

El chisme es una parte intrínseca de la interacción humana, un fenómeno ambivalente que une o destruye. Enseñar a la sociedad a ser consciente y que mida las consecuencias de sus palabras es un trabajo titánico e imposible de controlar.

Quería finalizar contando un chiste sobre la deformación de un chisme, pero no recuerdo exactamente cómo es. Y es que alguien dice una habladuría, el que la escucha la relata de otra forma, este a su vez le agrega alguna cosilla y cuenta a otros, estos otros le van agregando un pedacito, hasta que al final el chisme pierde toda su consistencia.