Rafael Poveda se ha hecho conocido por sus podcast bajo el título de “Más allá del silencio”, de entrevistas con criminales y realmente me ha impresionado la de un criminal que se hacía pasar por sordomudo.

Y acabo de leer y ver precisamente este video de Juan Carlos Villa Cardona, quien fue entrevistado por Rafael Poveda, sujeto que se hacía pasar por sordomudo, quien explica en forma detallada, como se preparó y entrenó para asesinar a más de 11 personas, bajo el pretexto de que lo hacía para ayudar a su familia. Pero lo más cruel es que su único arrepentimiento es haber confiado en sus hermanos quienes lo entregaron a la justicia. Considera a los seres humanos como “gallinas”, no valora la vida humana y no siente ni un poquito de remordimiento por sus víctimas. Incluso se regodea de la forma como procedía para terminar con sus congéneres.

Y hace muy bien su papel soltando lágrimas en diferentes etapas de la entrevista, incluso dice que le dirá él mismo la verdad a su hijo, pero insiste en decir que está en la cárcel porque sus tíos lo vendieron a la justicia.

En conclusión, el hecho de haber sido traicionado por sus propios hermanos es lo único que “incomoda” a esta persona.

Pero paso a la forma como muchos delincuentes preparan cuidadosamente el lugar y los detalles para robar y matar a la gente con la que se encuentran.

Hace algunos años, llegó al antejardín de mi casa un sujeto que intentaba con dificultad hablar el español, repitiendo la frase “no hablo español”, introduciendo algunas palabras en inglés en su relato, no siendo para mi desconocido ese lenguaje, le hablé en inglés y de inmediato reaccionó con una extraña alegría y empezó a decirme que no tenía como regresar a Panamá y que se encontraba realmente perdido en Cali.

Siendo desconfiada por naturaleza, le dije que se dirigiera a un CAI para que lo ayudaran y le pasé una bolsa con frutas de guayaba que tenía en mi mano. Las tomó e hizo un gesto preguntándome detalles de la fruta, para agregar que no había comido. Me disculpé y con alguna excusa le dije que yo no podía ayudarlo.

El hombre no se fue muy contento, pero yo sentí que algo no estaba bien.

Al día siguiente me encontré con una amiga que vivía en ese entonces, a una cuadra de mi casa. Quise prevenirla sobre la presencia de ese sujeto por la zona, cuando me dijo de inmediato que él había estado en su casa, que le habían dado ropa, comida y algo de dinero, porque había sido víctima de un robo.

Le pregunté en qué idioma habían hablado, y me dijo que, en español, con acento costeño. ¿Cómo les parece?

Gracias a Dios no ocurrió nada grave en ese caso, pero vaya si son recursivos los delincuentes.