Cada día, los titulares sobre robos y secuestros en el transporte —ya sea público o privado— nos obligan a vivir en un estado de alerta permanente. Antes, la ciudad se sentía distinta; recuerdo la tranquilidad de levantar la mano y confiar en la seguridad de un taxi amarillo. Pero esa confianza se fue desmoronando tras varias malas experiencias que me empujaron a buscar refugio en las plataformas digitales.

Sin embargo, la calma duró poco. Los conocidos Uber, que prometían ser el estándar de seguridad, ahora presentan peligros nuevos, desde datáfonos adulterados hasta conductores que «hacen de las suyas». Mientras tanto, los buses se han transformado en el escenario predilecto para los amantes de lo ajeno, quienes acechan especialmente a quienes portan un celular.

Ante este panorama, surge una pregunta desgarradora: ¿Qué alternativa le queda al ciudadano que no tiene vehículo propio?

Salir despojado de todo —sin teléfono, sin dinero, sin tarjetas— no es una estrategia inteligente; irónicamente, la falta de botín puede convertirse en una sentencia de muerte a manos de criminales frustrados. Pero la otra cara de la moneda no es más alentadora. El sueño de tener un carro propio se empaña con la realidad del semáforo o el momento de abrir el garaje, donde el vehículo se vuelve un imán para delincuentes armados.

Al final, no importa el medio de transporte: la movilidad se ha vuelto un juego de azar donde el ciudadano siempre lleva las de perder, arriesgando no solo sus pertenencias, sino la vida misma.

Un vecino recién llegado me confesaba su alivio por la seguridad de la zona, contrastándola con el peligro constante de Cali. Su mayor alegría era la libertad de sus hijos para ir al mall sin supervisión. Pero la realidad no tardó en darle un golpe bajo: a los pocos días, fuimos testigos de un asalto a unos menores en ese mismo centro comercial. La moraleja es amarga: hoy en día parece que se requiere escolta para cualquier trayecto mínimo, con el temor latente de que el supuesto protector termine siendo parte del problema.