Desde que las redes se convirtieron un medio no sólo de información, sino una forma de comunicar detalles de la vida personal e intima de muchos, he notado que las mascotas se han convertido en miembros favoritos de muchas familias y son usadas para promover su vida profesional, e incluso anunciar productos.

Desafortunadamente, con mucha frecuencia está saliendo aviso sobre pérdida de alguien importante en determinado hogar y al mirar me doy cuenta que se trata de su perrito, su gato o su pajarito que ha sido compañero(a) de la persona que lo anuncia.

Sé por experiencia propia, el dolor que causa decir adiós a estos miembros peludos que nos han proporcionado tan alegres momentos.

Hay personas que creen que basta con conseguirse otro es suficiente, pero, hay un pero, en mi casa hemos tenido varios perritos y un gatico, muchos ya se fueron, pero cada uno ha tenido su personalidad, su característica especial, al igual que las personas de una u otra forma han dejado su huella. Personalmente puedo describir la personalidad de cada uno de ellos, pero eso sí, una lealtad incomparable.

Nuestras mascotas, llegaron a su edad madura a nuestro lado, las ayudamos, les dimos el tratamiento que necesitaron cuando estuvieron enfermas, igual que a cualquier miembro de la familia, porque eso son, familia.

Ellas pasan por todas las etapas, desde bebés hay que enseñarles las costumbres sanitarias, educarlas con paciencia, sabiendo que siendo seres distintos que no entienden nuestro idioma hay que adaptarse.

El último miembro que ha llegado a nuestra casa, es una hembrita, West Highland White Terrier, más conocida como Westy, y es fácilmente reconocida por el licor Black & White, donde colocan dos perritos, uno blanco y otro negro, de esta raza. Esta perrita llegó de casi tres meses de nacida, con una energía envidiable, asustada ante lo nuevo, sobre todo que por razones de transporte, estuvo en un guacal durante más de 10 horas. Los primeros días tuvo que aprender muchas cosas, desde salir al patio a hacer sus necesidades, hasta subir y bajar escaleras, que era todo un reto para una criatura tan pequeña.

En este momento está próxima a cumplir tres años de vida y se ha adaptado divinamente a la rutina del hogar, a salir, socializar con otros perros, aunque su mayor gusto es saludar a las personas.

Así que hay que estar dispuestos a cuidar para siempre a estos seres que adoptamos en la familia. Les recuerdo, no son juguetes y no son desechables.