Abril 15 del 2019

Corazón borrado

Boy erased o Corazón borrado como está traducida al español, es una película que vi hace poco, no me entusiasmó mucho su inicio a pesar de tener un reparto impresionante, nada menos que Russell Crowe y Nicole Kidman interpretan su papel de padres de un joven, el actor Lucas Hedges, quien es sometido a un tratamiento terapéutico para curar su homosexualidad a efectos de ser aceptado por su familia, la iglesia, sus amigos etc., pero poco a poco el desarrollo de la cinta fue mostrando el drama, dirigido por Joel Edgerton, quien logra llevar los sentimientos de todos los personajes de manera magistral.

Pero lo más interesante es que se trata de una historia de la vida real, se trata de Garrard Conley; su libro Boy Erased lo dedicó a sus padres, a muchos sorprendió el gesto debido a que fueron ellos, sus padres, quienes lo obligaron a tomar parte en terapias de “conversión antigay”, so pena de tener que abandonar el hogar para siempre.

Sus padres conocieron de su homosexualidad a través de quien lo violó en la universidad, sin embargo, lo que más sorprendió a sus padres fue saber que su hijo era gay.

Aparte del sufrimiento que vivió, estudió cultura y política homosexual, pasaron diez años antes de decidirse a escribir su libro, el cual reflejó su experiencia en tres partes o episodios, inicialmente sobre él, su vida con sus padres y la vida con los terapeutas en el centro donde recibía el tratamiento.

Aceptó recibir la “terapia” porque acababa de ser violado, el propio violador aceptaba haber violado a un menor de 14 años, y su mentalidad durante esos años de su vida era creer que los homosexuales eran pervertidos

Joel Edgerton se interesó y escribió el guión de la película y de acuerdo a su propio criterio, se acerca bastante al contenido del libro.

Es interesante el tema y conocer esta historia real de boca del propio protagonista, pero me preocupa que leí que, en la actualidad, mientras en Estados Unidos trata de prohibir este tipo de terapias, en España aún son legales.

Según he leído estas terapias consisten en un tratamiento sicológico de reorientación sexual e identidad de género de la persona.

Durante el gobierno del presidente Obama se conoció el fallecimiento de Leelah Alcorn, una menor cuya terapia de conversión la llevó al suicidio, provocando el hecho una reacción de la ciudadanía que le exigía al gobernante la prohibición de estas prácticas.

En España los pacientes no se atreven a demandar a los psicólogos a pesar del daño que causan con esta terapia, pero, sobre todo, se conoce que son los padres quienes llevan a sus hijos menores a someterse a estos tratamientos y puede que haya buena fe al hacerlo, pero es que este tratamiento se basa en una aversión a sí mismo.

Quien no comprende este comportamiento, ignora que no se trata de una enfermedad que se pueda tratar con medicamentos, no es un trastorno mental y esto no lo digo yo, lo dicen los científicos tras muchos estudios y análisis y según muchos profesionales que han sido consultados al respecto, el mejor tratamiento es que el paciente asimile su orientación sexual con naturalidad.

El ocultar su inclinación sexual ha sido característico en Colombia, y me imagino que en muchos países ocurre igual, cuántos matrimonios se han llevado a cabo sólo para cubrir las apariencias llevando a una vida realmente amarga, y ya en la madurez de sus vidas, salen como dicen del “closet”, dejan a su pareja y a sus hijos con una sensación de haber vivido una mentira por tantos años.

Hay una serie Grace and Frankie, donde dos parejas muy amigas, llegan hasta la vejez con sus respectivos(as) esposos(as), claro que se trata de una comedia donde muestran como los dos hombres, han engañado a sus respectivas féminas ocultándoles la relación que ellos dos sostenían. La reacción de las dos mujeres y de sus hijos, como digo, es una comedia, pero con un fondo dramático tremendo donde exponen esta situación que bien puede venir de una experiencia de la vida real.

El cine ha puesto de presente en muchas formas que no vivimos en un mundo heterosexual, hay homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgéneres, en fin, hay tantos títulos que no acabaría de citarlos y esto sólo para mencionar algunos, cuál entonces sería “normal”.